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Un poco de frío, un poco de calor…

La matemática es una de esas asignaturas que generan algunas dificultades en los estudiantes y cuando esto ocurre también se generan algunas en la familia. Quienes hemos dedicado nuestra vida a la enseñanza de la matemática también nos hemos dado cuenta que los papás están dispuestos a todo porque su hijo supere su dificultad. Es aquí cuando nos llaman a clases particulares.

Ya mas cerca del estudiante puede uno observar el verdadero problema. Y no es la matemática. Relaciono algunos que he descubierto.

En sus primeros años de formación intelectual quien ha acompañado al estudiante en su proceso ha sido una persona sin ninguna formación como educadora, ninguna. Se contrata para los oficios de la casa y uno de los oficios que tiene es velar porque el niño haga las tareas. Además, emocionalmente no está vinculada.

La habitación del niño está llena de todo lo que el niño ha pedido y de lo que no ha pedido.

Con los padres se tiene contacto sólo en el momento que solicita el servicio del tutor y cuando le van a pagar por sus servicios.

Todo está resuelto. Y lo que pudiera ser problema también esta resuelto. La comida, el abrigo, el permiso del fin de semana, la diversión en la casa, es un niño sin problemas. Los únicos que tiene son los de matemáticas.

Algunas virtudes necesarias para resolver problemas de matemáticas son: la perseverancia, la paciencia, la tolerancia, la fortaleza, la audacia, la laboriosidad, la responsabilidad, la alegría, la fe, el orden, y estos se adquieren con las cosas sencillas que ocurren en la casa, con sus padres, cuando debió esperar unos minutos por su comida, cuando debió él mismo buscar su abrigo, cuando llevó su plato para la cocina, cuando ante la caída de su bicicleta él se levanta solo.

Los padres están ahí para enseñarles cómo levantarse, cómo buscar el abrigo, cómo encontrar la solución, cómo enfrentar las situaciones difíciles y no para enfrentar las situaciones difíciles por él, o para resolverles sus problemas,  o para levantarlos.

Estas actitudes se reconocen en la clase cuando el niño ante la búsqueda de la respuesta a 7 x 8 espera que el tutor se la de. Cuando espera que el tutor le resuelva la tarea con la excusa de que se la expliquen.

Sentir un poco de frío, un poco de calor, un poco de necesidad, hace a los hijos buenos estudiantes.  Y ante las dificultades de los hijos la postura del padre ha de ser la necesaria para que responda a la pregunta ¿cómo te puedo ayudar para que tu lo hagas?
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