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Que ninguna familia se acabe por falta de amor.

Bueno, primero aclaremos términos. ¿Nos casamos por amor?, o ¿Nos casamos porque amamos?,  o ¿por ambas razones?

Del diccionario Encarta: DRAE puedo leer catorce definiciones sobre el término “amor” y las que tienen que ver con lo que nos ocupa aquí comienzan con la palabra sentimiento. El amor es un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión  con otro ser. Otra. El amor es un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. Y así otras más.

Me llama la atención leer que el amor es un sentimiento. Y en el mismo sitio sentimiento se define como acción y efecto de sentir; también es el estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.

Esto me preocupó porque como el amor es un sentimiento entonces cabe la posibilidad de que el amor se acabe. Luego, no me puedo imaginar a las parejas que se casan por amor y el amor se acabe. Entonces, ¿se acaba el matrimonio?

Llegar al matrimonio por amor es una razón egoísta. Analicémoslo bien. Si me caso por amor quiere decir que me caso por lo que siento y lo que siento  es un estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente. Entonces, cuando ya no tenga la escultural figura que me impresionó vivamente, qué pasa con el sentimiento? ¿Qué pasa con el sentimiento cuando tantas cosas de las que nos impresionaron vivamente, cambien?

Por eso , me quiero quedar con el “amar”. Me gusta sólo la idea de que la palabrita es un verbo y un verbo, me lo enseñaron en la escuela primaria, es una palabra que denota acción. Es decir, que para amar hay que “hacer”. Me gusta más la idea de invitar a las personas a que se casen porque “aman” a su pareja. Es decir, se casa porque está dispuesta a “hacer”. Amar mantiene activa la relación. Cada miembro de la pareja vive en función de “hacer” cosas por su pareja. Eso es emocionante.  Le da una dinámica diferente a la relación. Requiere de cada miembro disposición total de entrega. Disposición total a vivir su vida en función de “hacer” feliz a su pareja.

Bueno, y, ¿hacer, qué? No tengo la respuesta exacta a esta pregunta. Puedo contarles qué puedo “hacer” por mi esposa: el desayuno el domingo, una atención cuando llega con rastros de cansancio de su trabajo, escucharla, llevar los platos a la cocina, bailar salsa, tender la cama, cuidar mi salud, estar guapo para ella, y, muchas, muchísimas cosas más que han hecho que sienta amor por mi por ya casi veinticinco años.

Ahora, hay otras tantas cosas que ella “hace” para y por mí que me dan cada vez más deseo de amarla.

Y usted, qué ha “hecho” hoy por su pareja? ¿Cómo ha amado hoy”

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